Podría escribir este artículo, desde la primera palabra a la última, refiriéndome sólo a las informaciones que diariamente aparecen sobre Siria y los refugiados que el conflicto ha provocado. Lo peor sería el balance de muertos del día. Los que provoca la guerra no los podemos determinar con precisión, pero las personas que se ahogan en estos días de invierno sí se cuantifican. Escribo la noche del domingo, 31 de enero.  En un día sin buscarlas, me he encontrado con las siguientes informaciones:

Ayer hubo un naufragio que situó los ahogados durante este primer mes del año en 250. Han llegado vivos unos 53.000 migrantes.

Según  The Guardian,  que cita como fuente a la Europol (Oficina Europea de Policía), 10.000 menores han desaparecido al llegar a Europa. Algunos estarían con familiares, sin conocimiento de las autoridades, pero otros se encuentran en manos de organizaciones de tráfico de personas. Eso significa explotación sexual o esclavitud.

Diversas informaciones hablan de las mafias que trafican con sirios que huyen, en numerosos aspectos, desde la venta de chalecos salvavidas falsos, a la gestión de residencias italianas.

En Estocolmo hubo una manifestación contra los refugiados.

Un borrador del Consejo de Ministros europeo  plantea criminalizar la asistencia humanitaria a los refugiados si quienes vayan les ayudan no se han registrado antes.

En Damasco, en un barrio chií, el Estado Islámico ha provocado 58 muertos y un centenar de heridos.

En otra ciudad siria, Madaya, ha habido 16 muertos por hambre,  pese a la ayuda humanitaria.

Un apunte positivo: Los 22 jugadores de un partido de fútbol griego, se mantuvieron sentados durante dos minutos para llamar a las autoridades a movilizarse por las muertes en el Egeo.

Podría seguir. Pero el hecho es que cinco años de una guerra que se inició en marzo de 2011 como revuelta popular contra el régimen de Asad, que se regionalizó luego y se internacionalizó a partir de 2014, ha comportado el surgimiento y expansión del autodenominado Estado Islámico; ha causado más de 260.000 muertos; y ha obligado a desplazrse a millones de personas. Pero apenas nadie dedica unas líneas al inicio de las negociaciones de paz de Ginebra, auspiciadas por la ONU, aunque el diálogo sea indirecto. Poca presión, metidos entre caucus americanos y corrupción local, para todas las vidas que andan en juego.

Sole Gomis, periodista

Foto:  Mustafa Khayat. Refugiados sirios en Erbil, en el Kurdistán iraquí.

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