Si esa moda de expedir certificados de persona non grata sigue extendiéndose, pronto uno no será nadie si no puede añadir esa condición a su currículo. Hasta tal punto está despersonalizada nuestra sociedad que quizá habrá quien luche por conseguir el título y oposite con fervor a obtenerlo en su afán de, aunque sea no grata, ser considerados persona.

Hemos visto como muchas corporaciones locales se han apuntado al beneficio de repartir con soltura diplomas, títulos y loores a veces se diría que por mero interés propagandístico de proyección de la localidad cuando no de su edil imponente de la medalla. Hijo adoptivo, ciudadano de honor, vecino predilecto, honorable compatricio, paisano distinguido, visitante ilustre… Pero ahora ya se ve que todo eso era muy fácil. Lo realmente meritorio es que, habiendo sido primero gratificado, de repente la ilustre corporación revoque su declaración de amor, apostate de su querencia y declare no grata a la persona. Eso es ya un grado superior y por ello deberían moderar las corporaciones esa carrera actual por nongratear para justamente ponerlo algo más difícil a los candidatos y a la altura de la misma denominación, que remite a algo realmente misterioso, serio y solemne.

Persona non grata es un latinismo propio del lenguaje y los usos diplomáticos, como ultimatum, sine qua non, statu quo, placet, quorum, quid pro quo, de facto o in extremis. La expresión la hizo mundialmente reconocida Jorge Edwards al utilizarla como título de su novela en que contaba cómo y por qué fue declarado persona non grata por la Cuba de Fidel en 1971 a los tres meses de desembarcar en La Habana como encargado de negocios del Chile de Salvador Allende. Edwards denunció el estalinismo del régimen cubano, entonces ensalzado como ejemplar por casi toda la izquierda mundial, y Fidel Castro le dio la razón Edwards, diplomatico de carrera, se fue despues a paris con pablkoi neruda y al final, cuando PinochetLa habana como encargado dexpulsándolo del país y prohibiendo después su libro ad vitam aeternam.

Tras el sangriento golpe de Pinochet, Edwards tampoco resultó grato a los fascistas de su país, de manera que, ingrato para todos, se vino a España, fue uno de los autores del boom de la novela latinoamericana y ahora disfruta de la doble nacionalidad. Atacado por unos y otros, por intransigentes a derecha y a izquierda, no es muy grato que aquí se sienta en casa. Su ejemplo invita a preguntarnos: ¿en qué ayudan a la convivencia, qué aportan al progreso, qué a las relaciones vecinales, en qué mejoran la vida del pueblo esos señalamientos de gratos e ingratos? ¿Esas declaraciones no lo son también de intolerancia y de sectarismo?

Jaume Boix, director de El Ciervo

Foto: Youtube

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