Durante mi naufragio en la educación secundaria esta revista me dio la oportunidad de remontar mi vida. Empecé a publicar críticas para El Ciervo y mi autoestima volvió. En 2007 entré en la Universidad con la ilusión de estudiar Historia, quería adquirir cultura para poderme dedicar a la escritura. Ése era el plan.

En 2008 empezaron las luchas en contra del Plan Bolonia, me uní a ellas, las viví y sufrí desde dentro. Y llegó la gran fecha. Fue el día 18 de marzo. Ese día se desalojó a primera hora de la mañana de manera extremadamente violenta el edificio histórico de la Universidad de Barcelona. A las 12 del mediodía nos manifestamos de manera pacífica en apoyo a los estudiantes brutalmente apaleados y detenidos esa misma mañana. Los documentos gráficos no dejan atisbo de duda de lo que me refiero.

Cuando hacía unos diez minutos que nos encontrábamos delante del edificio histórico de la Universidad aparecieron en contra dirección por la Gran Vía a toda velocidad varias furgonetas de los Mossos d’Esquadra. Se dirigían contra los manifestantes. Aprovechando que la gente miraba aterrorizada la llegada en estampida de varias furgonetas la policía empezó a cargar y se desató el pánico.

Algunos nos organizamos rápidamente y formamos una fila de contención. Andamos de espaldas y dando la cara los antidisturbios, permitiendo que la gente pudiera salir corriendo sin temor a ser golpeados por la espalda. En menos de un minuto volvieron a cargar, los primeros en recibir fuimos los que estábamos en frente.

Se supone que los cuerpos de seguridad deben proteger a la ciudadanía, se supone que una sociedad avanzada destierra la violencia, pero allí viví algo que no enseñaba la televisión ni los periódicos. Aprendí sobre la vida a ostias.

La crisis y todo el deterioro que ella arrastra habían llegado. Esa misma tarde en otra manifestación pacífica la policía cargó y golpeó a mi hermana y a su pareja. No fuimos los únicos ni mucho menos.

Hace ocho años, con las luchas contra el Plan Bolonia empezó un ciclo de movilizaciones que hoy sigue todavía. La crueldad de la crisis ha enseñado que únicamente el pueblo salva al pueblo y que ni en dioses, reyes ni tribunos, está el supremo salvador.

Paso a paso, codo con codo vamos sumando y acompañando lo que cada vez se parece más a una marea que poco a poco va abriendo puertas y ventanas de todas las instituciones por donde pasa. Los líderes “del cambio” se han formado en movimientos sociales en contraposición con los gestores del sistema, que se formaron en escuelas de negocio. Esta dualidad evidencia la lucha entre dos modos de ver el mundo (o modelos) por transformar la realidad.

Andreu Llabina, historiador

Foto: Una pintada en contra del Plan Bolonia en la UAB. Toniher, Wikipedia.

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