La España de siempre

Estrenaba este blog hablando de política. Las elecciones generales en España dejaban un panorama inaudito: más de dos partidos con una amplia representación política; la necesidad de llegar a pactos para gobernar. Y me felicitaba como me alegré con cada resultado electoral en Euskadi, la vía que en el norte encontramos para hacer digerible el –muy habitual– disenso.

Han pasado los meses, y todo sigue igual. Nada ha cambiado. El desacuerdo es la norma. Mientras, los líderes, segundos espadas y todo aquel con un cargo de más o menos relevancia prediga en un medio o en otro las razones del ‘no’. Porque ‘no’ es, sin duda, el palabro querido por todos.

Se respira decepción.

La resignación de no ver cambio alguno, ni siquiera esperarlo. La obligación de repetir unos comicios que salvo sorpresa generalizada apenas variará el reparto de escaños en las Cortes.

Queda mirar adelante.

Imanol y Rubén son dos amigos de la infancia. De la margen izquierda de Bilbao. De la zona antes obrera, luego de servicios y en todas ellas de desempleo. Observan la actualidad política como quien analiza un reality televisivo. Saben que su día a día es una versión paralela de lo que allí se discute, pero ni antes, ni ahora ni después esperan un cambio. Y también son dos ejemplos paradigmáticos.

Imanol tiene un doctorado en Historia y habla cuatro idiomas. No tiene trabajo. Quiere ser profesor.

Rubén se diplomó en Empresariales tras casi una década renqueante de estudios. Habla castellano y euskera. Chapurrea como puede y le dejan el inglés. No tiene trabajo. Busca trabajo, le da igual de qué.

El País Vasco es una de las comunidades autónomas más ricas de España. Pero allí tampoco abundan las oportunidades laborales. El desempleo es algo mayor al 10%. En Andalucía se supera el 30%. En ambos las preocupaciones se comparten. Y como bien saben Imanol y Rubén, es igual si se está formado o no, se hablan idiomas o no o se cuenta con una dilatada experiencia o no.

En España queda espabilar.

O lo que es aún más ibérico: ser un espabilado; tirar de contactos; abrirse al extranjero.

A norte o sur, este u oeste, la realidad iguala unas preocupaciones compartidas. No se intuye la solución.

Y sin embargo cada uno de nosotros seguimos apegados al televisor intentando adivinar un gesto que no sea parte del teatro de la política; una palabra que vaya más allá del argumento pensado en clave de tertulia.

Desde noviembre de 2015, la política española ha cambiado, y los únicos que todavía parecen no saberlo son, precisamente, aquellos que nos representan. ¿Hará falta repetir comicios para certificarlo?

Soluciones y consenso. Poco más es lo que se pide.

Alexis Rodríguez-Rata, periodista y politólogo

 

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