Andreu Llabina, Historiador

¡El turnismo ha muerto! ¡Viva la gran coalición! Este pudiera ser el resumen del fin de un proceso electoral (histórico) que empezó con las elecciones al Parlamento Europeo en 2014 y terminó el sábado 29 de noviembre de 2016.

La crisis ha movido las placas tectónicas de la sociedad española causando terremotos y fallas. La brecha entre pobres y ricos ha arrasado la clase media, los trabajadores han perdido poder adquisitivo y miles de empresarios han tenido que cerrar sus empresas y negocios. Mientras, la economía productiva ha perdido frente la economía especulativa. La Banca ha arrasado con todo.

Miles de jóvenes se han convertido en exiliados económicos, otros nos hemos quedado y hemos sufrido en nuestras carnes el no tener un devenir, pasar los lunes, martes, miércoles y el resto de días de la semana al sol. Sin trabajo, sin horizonte y sin poder desarrollarnos como personas adultas. A muchas y muchos la crisis les atropelló de mayores, les quitó sus trabajos, les arrebató sus esperanzas y les rompió una vida digna.

La “estabilidad” (que bonita palabra) ha desaparecido, y lo más preocupante, ya nos hemos acostumbrado a vivir sin ella. La indignación se ha centrado en los sueldos que existen en el sector público, haciendo que los trabajadores precarios vieran como enemigos a los trabajadores con condiciones laborales decentes.

Las estructuras de poder que conforman la Unión Europea han creado un sistema asimétrico que confronta el centro con las periferias tanto del Sur como del Este de Europa Occidental. La falta de una banca pública ha permitido que espacialmente los bancos alemanes y franceses puedan hacer negocios a costa de la deuda de los estados periféricos.

Y sí, este es un repaso a lo que sucede en España, pero para ello hace falta ver el contexto internacional. Si bien el maestro Enric Juliana suele hacer hincapié en la historia italiana para tener indicios de lo que puede venir,  situémonos en Grecia. Syriza superó al PASOK, y en las siguientes elecciones el partido liderado por Tsipras logró vencer a Nueva Democracia.

El caso no es hacer un paralelismo entre la casi extinción del PASOK y decir que le puede suceder lo mismo al PSOE. El tema es ver la reconversión de Syriza en el PASOK, un intercambio de identidades en que el partido renovador que quería renegociar con las instituciones europeas la deuda griega, ha sido incapaz de ello, y además ha seguido aplicando duros recortes contra su pueblo. Y por si lo anterior fuera poco, el gobierno griego también se ha mostrado favorable al CETA (tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá).

Dicho lo anterior, sería doloroso que en España Podemos ganara unas elecciones y fuera incapaz de aplicar su programa, y que además interiorizara las políticas de austeridad que ha venido combatiendo desde las calles e instituciones. El drama no fue la desaparición del PASOK, el drama fue que el PASOK jamás desapareció, se mudó de piel y ahora se hace llamar Syriza.

Este proceso electoral 2014-2016 ha roto al PSOE, casi rompe a Podemos y ha permitido ver la estrella fugaz C’s. El PP se ha asentado, aunque varios casos de corrupción le han quitado poder territorial.

Nada ni nadie se ha salvado de tanto terremoto, la política tampoco.

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