Lucía Montobbio, periodista y mediadora

A pesar de que ya hace un poco de frío para bañarse,  he ido a visitar el mar.  Esta mañana no he de ir a trabajar, y aprovecho la mínima ocasión para alejarme de Barcelona. Destino próximo, Castelldefels. Al llegar, el estómago ruge y me acuerdo de que no he desayunado aún.

Cambio de planes. Me bajo a la parada de Castelldefels. Catelldefels playa tendrá que esperar un poco. Tengo hambre y no llevo nada de comer encima. Me adentro un poco hasta llegar a la plaza de la iglesia, y sonrío porque me acuerdo de la época en la que realicé aquí mis prácticas en mediación, en el Centro de Mediación de Castelldefels. Pero esa es otra historia que será contada en otro momento.

Sé que en septiembre empezó a funcionar un restaurante solidario llamado Imperfect. Se me antoja ir allí, pero son las 10 de la mañana y quizás no estén abiertos. Busco en el móvil la dirección: Avenida de la Habana Vieja 8. A pie son 20 minutos. Me da un poco de pereza desplazarme hasta allí. Busco los horarios en su página web. Están abiertos y dicen que una de sus especialidades son los desayunos. Esto me anima. Supero el hambre, la pereza y me pongo a andar. Me distraigo mirando el ajetreo que hay en la calle Mayor, pienso en todos los movimientos que me he perdido estando en una oficina.

Ya  estoy. Me parece un poco apartado de todo. Las flechas me invitan a entrar. Imperfect, hacia aquí, por aquí, para allá, bajo las escaleras y entro en una única sala. Espacio tranquilo y diáfano.  Mucha luz y combinación de sillas y mesas de diferentes diseños y colores, parecen recicladas, restauradas. Las lámparas son latas de conservas convertidas. Más tarde, descubro que me encuentro en la planta baja de una iglesia evangélica. Esto también se ha transformado. Planta rehabilitada con cocina industrial, sala de comer y un patio al exterior.

De las paredes cuelgan  citas que me hacen sentir como casa. Uno de los escritores a quienes prefiero leer es a Ernest Hemingway quién me recibe con letras grandes, negras, contrastadas sobre el fondo de las paredes lisas y blancas: “El mundo nos rompe a todos, y después muchos se vuelven más fuertes en los lugares rotos.”

Esta frase describe el carácter de las personas que trabajan aquí. Camareros que se pasean con un delantal negro con letras blancas: “Soy imperfecto, soy único, soy válido”. Miro a otro lado y me encuentro con un cuadro que dice: “No tengas miedo de la perfección, nunca la alcanzarás”, este vez, Dalí.

Me queda claro que la Imperfección es la imagen corporativa: el eslogan, el logo, el nombre. Aquí se disfruta de la Imperfección.  El estómago vuelve a protestar: “déjate de tanta filosofía, tengo hambre.” Opto por un menú salado: café y bocadillo de jamón. Los triángulos de tortilla me hacen dudar, pero escojo el bocadillo.

Hojeo el menú con curiosidad,  encuentro platos pero también un poco de historia sobre el proyecto. Mientras esperas a que te sirva el camarero, puedes leer sobre el proyecto Imperfect. “Imperfect es un proyecto solidario único que ayuda a las personas imperfectas, como tú, a sentirse útiles y válidas.”

Hace ya un año que la iglesia Evangélica de Castelldefels inició un plan para poder atender personas en riesgo de exclusión social. Sin caer en un modelo de asistencialismo, quieren velar para que la persona sea cada vez más autónoma. Basándose en otros restaurantes solidarios como el de la “La Trobada” de Terrassa o en el “Soul Kitchen” de Bon Jovi. Imperfect se inauguró el pasado 5 de octubre.

El restaurante ofrece trabajo y formación a personas que están viviendo una situación de paro de larga duración, o jóvenes que se encuentran sin oportunidades. El proyecto ya cuenta con 17 personas derivadas desde los servicios sociales del Baix Llobregat. Se centra en un programa enfocado en el ámbito de la hostelería, se desarrollan tareas de camareros y de ayudantes de cocina. Además, la formación que reciben en Imperfect está certificada por un título de la Generalitat de Cataluña a través de La Guaita, centro de apoyo a la promoción económica de Castelldefels.

Es importante subrayar también que las personas atendidas son clientes del tiempo. Esto quiere decir que, además de trabajar (no más de 30 horas al mes), y recibir formación por parte de profesionales voluntarios, pueden almorzar y comer con todo el equipo. Los días que trabajan lo hacen antes de que lleguen los clientes. Y los días que no trabajan también pueden venir a comer, serán atendidos como cualquiera otro cliente.

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