Jordi Delás, médico

El lunes 16 de enero de 2017, el Ayuntamiento de Barcelona activó el dispositivo de Operación Frío en Nivel 2, en previsión de que la temperatura bajara a 0º. Suponía 108 camas adicionales al dispositivo existente para alojar a población sin techo. 

La operación ha permanecido operativa hasta el sábado 21 a las ocho de la mañana. Durante estos cinco días se ha llegado a acoger a 444 personas, 89 de promedio cada uno de esos días. Una carta de profesionales sanitarios y sociales critica el cierre de esta medida.

Domingo 22, llamada al teléfono de información. Cerrado el dispositivo y hay que recurrir al sistema de albergues municipales. Han aumentado las temperaturas. Pero, ¿y esas 60-80 personas que han ocupado las camas de la Operación Frío?

El mismo lunes 16, la iglesia de Santa Anna en Barcelona abrió sus puertas a gentes sin techo para ofrecerles comida y alojamiento durante la ola de frío. Ha animado la iniciativa Viqui Molins, teresiana, junto con el párroco de la iglesia, Peio Sánchez.

El primer día acogieron a 12 personas, a 27 el segundo y a 63 el jueves, algunas de ellas con sus inseparables perros, como se cita en El Periódico de Catalunya del 21 de enero. En el mismo diario Viqui Molins añade: “la solidaridad es inmensa porque viene mucha gente que quiere ayudar y traernos cosas”

Domingo tarde. Misa vespertina en la iglesia de Santa Anna. En la capilla a la derecha un grupo numeroso de hombres jóvenes con ropa oscura, de pie. En el primer banco de la capilla un voluntario corpulento de enorme sonrisa y una joven acogedora con un listado en la mano. Registran los nombres de quienes acuden pidiendo techo.

El coordinador dice “estamos desbordados”. Aparece una periodista de televisión que solicita declaraciones. “¿Qué necesitamos? Zapatos de hombre”. No saben hasta cuándo continuarán. No saben qué pasará mañana, lunes.

En la capilla un cierto fragor dificulta seguir la misa. Los que están y los que quieren entrar contrarrestan falsos conceptos de que la gente sin techo no quiere acudir a los recursos. A la iglesia, al menos, sí. Quizás nuestro Ayuntamiento debería preguntar a estos jóvenes que disfrutan del calor de la iglesia por qué no van a los albergues municipales.

¿Puede ser que todas las iglesias hagan lo mismo? ¿Que se sumen asociaciones, sindicatos, instituciones públicas? Extensible a otros lugares. ¿Alternativa global a gente en la calle?

¿Qué criterio fisiológico o bioquímico justifica que la Operación Frio acabe cuando el termómetro supera los 0º? Una vez más denunciar que la temperatura marque las políticas sociales.

Domingo noche. Fuera de la iglesia, llueve, hace frío, frío intenso en los dedos a pesar de los guantes. Pero el legislador normativo indica que sin 0º no hay Operación Frío.

¿Qué pasará mañana? Ojalá la población harta de esperar la justicia social, del mirar a otra parte de los políticos de distinto signo, se desperece y diga basta, con mantas bajo el brazo y algún zapato de hombre. Basta a la absurdidad del baremo de los 0º, del no hay solución y que las prioridades no pasen por las personas en la calle. Basta.

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