Andreu Llabina, historiador

De un tiempo a esta parte no dejo de ver embarazadas y carritos por la calle, un nuevo baby boom parece que ha llegado; o quizás no. Ahora estoy más sensible a esta realidad, que hasta hace poco pasaba inadvertida a mis ojos, será que hace nueve meses nació Lola, la hija de mi hermana y su pareja.

Es la primera vez que soy plenamente consciente de la llegada de una nueva vida. Si con la adolescencia empecé a pensar en la decadencia y la muerte, ahora pienso en la plenitud y la vida.

La perspectiva en que enfoco la existencia es nueva, ya no soy el único protagonista de mi vida, ya no veo mi existencia como un camino recto que me conduce al futuro. Ahora puedo volver la vista atrás sin necesidad de ver recuerdos, Lola me hace revivir primeras experiencias sin ser mías, una extraña y agradable sensación que rompe la línea recta en que avanzaba día a día.

Tópicos

Existe una infinidad de tópicos sobre las embarazadas, padres primerizos, relaciones de pareja, recién nacidas y demás. Si me dan a elegir me quedo con aquel que dice que “los niños crecen demasiado rápido”.

Vamos si crecen rápido. Durante los primeros meses de vida de una semana a otra las bebés cambian, ¡y de qué manera!  Si he pasado varios días sin ver a mi sobrina me quedo pasmado cuando la vuelvo a ver, es otra, más grande, más activa, más todo y “más mejor”. Y no digamos lo que se les llega a extrañar.

Embarazo

Siento que cumplir nueve meses de vida para un humano es especial. Haber estudiado historia hace que mi cabeza proyecte un friso cronológico: nueve meses de embarazo, parto, nueve meses de vida. Así es, a partir de este momento habrá pasado más tiempo fuera que dentro de mi hermana.

Volvamos al embarazo. Esos nueve meses  transforman el cuerpo y la mente de la madre, no digamos el feto, que pasa de ser un punto diminuto, a una máquina perfecta para salir a disfrutar del mundo. Recuerdo mi hermana embarazada irradiando calma y buen rollo, con una barriga enorme detrás de una camiseta verde con una sandía dibujada en su panza. ¡Qué momentos más tiernos!

Nacer

El nacimiento de un/a bebé es algo mágico, algo que cambia por completo la vida de los padres y en menor medida la de las personas que conforman su entorno. Durante el embarazo cada cual se puede hacer una idea más o menos vaga de lo que está por llegar, pero una vez se ve la cara del bebé todo aquello queda atrás y empieza la fiesta.

Cuando vi a mi hermana con su hija en brazos y la cara de felicidad de su pareja, supe que todo estaba bien, y los nervios de la espera del parto desaparecieron. Tocaba dejarles descansar y que se conocieran.

¿Y ahora qué?

Una vez nace la bebé se inicia una fase expansiva en todos los sentidos. Se adueña de la casa de sus padres, de su tiempo, de las conversaciones de la familia, de las miradas. También de la casa de sus abuelos, todos intentamos tener la agenda lo más flexible posible por si acaso, todos queremos pasar tiempo con la niña.   

Y mientras tanto, surgen dudas a cada segundo por cada cosa, si llora, si no llora, si llora mucho, si duerme, si no duerme, si duerme mucho, si come, si no come, si come mucho, y así hasta el infinito. Por suerte Lola es buena, duerme por las noches y tiene un carácter afable.

No olvidemos el cambio de roles, mis padres se convierten en abuelos, eso les convierte en fanáticos de su nieta, mi hermana en madre, ha pasado de ser una persona despistada a ser una alimentadora atenta a cualquier detalle. En mi caso paso a ser un cuidador más de la manada que disfruta cada tarde que pasa con la bebé.

Cambio de gafas, del cristal de las gafas y del paisaje

Siempre he visto la vida como algo lineal, con un inicio que no recuerdo y el fin en un horizonte lejano. La construcción de mi identidad se basa por una parte en las historias que me contaron de cuando era pequeño o de cuando todavía no había nacido, y por otro lado en mis propias experiencias.

Esta manera de entender y afrontar la vida cambia con la llegada de un pequeño. Aparece un punto de inflexión, una rotura de esquemas, la vida ya no es la de uno, se es menos protagonista y pasamos a acompañar otra vida, una especie de volver a empezar, pero esta vez viendo el camino con otra perspectiva.

La tiornidad es acompañar una nueva vida sin tener la responsabilidad última, es disfrutar de grandes y únicos momentos, sabiendo que tu cometido es una tercera línea detrás de los padres y los abuelos, uno se puede permitir el lujo de pasar las horas jugando y enseñando a hacer las primeras trastadas. Tiornidad es acompañar y disfrutar.

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