Eugenia de Andrés, periodista

La editorial Linteo ha publicado recientemente El silencio de oro, de Juan Ramón Jiménez. Se trata de una recopilación en la que se recogen 36 poemas inéditos de un total de 83 que se incluyen en la obra.

Juan Ramón los escribió en Moguer (Huelva), su pueblo natal, en donde estuvo retirado un tiempo por causa de los apuros económicos que en ese tiempo padecía su familia.

En la introducción del libro, José Antonio Expósito cuenta algunas historias graciosas y explica que el poeta tenía necesidad de estar apartado del ruido para su creación poética. Juan Ramón buscaba el silencio para poder escribir sus versos y varias veces se mudó de casa para conseguirlo.

En 1920, instalado en su nuevo domicilio, resultó que, justo en la casa de enfrente, su vecino Narciso Clavería tenía un grillo que no paraba de cantar. El poeta le escribió una carta en la que decía: “Desde que ha empezado el buen tiempo y, con él, a cantar un grillo que, según creo, está en uno de los balcones de la casa de usted, no es posible en la nuestra –y suya– que está pared por medio, trabajar por las noches, pues el pobre e incansable animalito cumple su misión primaveral tan sonoramente que resuena en nuestro piso como si estuviera dentro”. El buen vecino puso en libertad al grillo y el poeta recobró el silencio que buscaba.

En “Hora inmensa”, el poema que encabeza El silencio de oro, escribió el poeta: “Solo turban la paz una campana, un pájaro…/Parece que los dos hablan con el ocaso./ Es de oro el silencio. La tarde es de cristales./ Mece los frescos árboles una pureza errante./ Y, más allá de todo, se sueña un río límpido/ que, atropellando perlas, huye hacia lo infinito…”.

Son los versos de la época en que, alejado ya de la tradición francesa, se acercó a la lírica meditativa inglesa, de expresión más depurada y esencial, según refiere José Antonio Expósito. Lejos de los grillos y del ruido social que tanto le molestaba, el poeta nos dejó, recogidos en El silencio de oro, algunos de sus más bellos poemas.

Un comentario en “El silencio de Juan Ramón

  1. El dominico leonés José Fernández Moratiel (17.3.1936 – 12.2.2006) refiere estas sabias palabras del poeta de Moguer (“La luz con el tiempo dentro”) en una de sus reflexiones que conforman el librito “La sementera del silencio” (Desclée De Brouwer, 2005): “No corras, ve despacio, que a donde tienes que ir es a ti solo. Ve despacio, que el niño de tu yo recién nacido eterno no te puede seguir”. Qué necesidad de profundidad, de serenidad, de silencio, en estas horas locas que nos toca vivir, tan superficiales, tan vanales, tan absurdas… Conozcan a Moratiel si aman el silencio!

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