Jordi Delás, médico

Antonio Machado anunciaba al ciudadano que estaba por llegar que una de las dos Españas iba a traumatizarle ampliamente. Y, en la actualidad, persisten situaciones antagónicas en Catalunya y España que se requieren una a una, las cuatro, para justificar los argumentos de la propia persistencia.

Aparecen grandes abrazos, limitantes, que intentan englobar a la población con plurales mayestáticos.  Se acepta y denuncia el pensamiento único de la otra parte para declarar que no cabe –o no existe- otro pensamiento que no sea el diametralmente opuesto.

Más allá de la descalificación es cómoda la calificación. Definir a los otros con rasgos y simbología que han justificado, a lo largo de la historia, pérdidas injustificables. Ambos extremos han perdido el equilibrio y solo vale aniquilar las tesis del contrario. A menudo, como en la Bohème de Charles Aznavour, se apela a un tiempo que los menores de veinte, treinta, setenta años no han podido conocer, a unos argumentos que no son los propios y a un seguimiento a medios de comunicación que incomunican.

Hay un hecho que la psiquiatría sistémica conoce bien y que hay que subrayar. Cuando el statu quo ya no sirve, alguien ha de tenderse en el diván para acabar entendiéndolo, antes de que el grupo, el sistema se haga daño. El abuelo que dice que todo ha de seguir como hasta ahora, que recuerda lo felices que éramos en las remotas Navidades no puede condicionar el futuro en el que muchos quieren un papel diferente.

Hay que acudir al debate, a la terapia, exentos de líneas rojas y posiciones inamovibles. Analizando qué une, qué desune. Qué situaciones interesadas y patógenas hay en los individuos y en el contexto. Y, para desgracia de muchos, abandonar la estrategia del boinazo.

Cabe reivindicar el respeto a Catalunya. La situación es más compleja de lo que puede parecer a ciertos kilómetros en el curso de una conversación de café. Y recuperar el talante del pacto, de la reflexión tan propia del catalán.

Debate y respeto no han existido en  las facciones enfrentadas que anunciaba Machado y que llevaron al odio, desencuentro, paseíllos a media noche, fusilamientos, linchamientos y leyes de fugas.

Ha de aparecer la sociedad plural, que cuantifique las situaciones extremas, que se ponga al servicio de las personas y  que defina las condiciones futuras en las que queremos vivir.  Quizás hemos de ir todos al psiquiatra.

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