Andreu Llabina, historiador

Escribo desde Barcelona. Ahora me doy cuenta que la escultura de Joan Miró “La Dona i l’Ocell” está envuelta en un andamio. Cada día miro por el balcón y hasta ahora mismo no me había fijado en que uno de los elementos centrales que adornan mis vistas ha variado. Recuerdo perfectamente cada nueva construcción que ha ido completando el skyline que veo desde el comedor, en cambio, no recuerdo cuando dejé de recordar todas las fechas históricas que ha estado gestando “el procés”. Es 11 de septiembre y quiero hablar de lo que sucede más allá de mi balcón.

Me siento un marciano en mi propio país. No me siento intimidado ni coartado, no siento la necesidad de esconder lo que pienso, y si hay una discusión sobre el 1-O doy mi opinión. Pero mientras veo que amigos y conocidos se posicionan sin fisuras en uno de los dos bloques (el que niega la posibilidad que los catalanes podamos decidir el futuro de Catalunya y el que quiere la independencia de Catalunya de manera exprés), yo no me siento representado por ninguno de ellos.

Dejen que me explique: quiero que los catalanes podamos decidir sobre nuestro futuro, pero para ello debe existir un consenso. Vamos, seguir lo que dice la Comisión de Venecia sobre la celebración de referéndums y, sobre todo, salga el resultado que salga, que en Catalunya haya un solo pueblo. No olvidemos que catalán es quien vive y trabaja en Catalunya (y quiere serlo); esta definición nos la tenemos que grabar a fuego en nuestras mentes.

No me siento entre la espada y la pared, me siento entre dos muros que poco a poco se van acercando. Un muro intolerante que no acepta la pluralidad nacional en su país, un muro que no escucha y usa las instituciones y recursos públicos para emprender la guerra sucia contra sus adversarios políticos. El otro muro (aunque quizás sería más acertado llamarlo “pared”, ya que no tiene la misma fuerza política ni económica que el primero) avanza de manera unilateral, y para ello no duda en hacer valer su mayoría en el Parlament para avanzar. Esta pared ha dejado de escuchar a los que no quieren avanzar hacia la independencia.

Siento que estoy en medio. Me viene en mente la secuencia de “Star Wars” en el compactador de basura, no sé por dónde voy a salir, pero sé que saldré de una pieza. Inmediatamente después tengo otro flash, el expresidente José María Aznar diciendo “antes que España, se romperá Cataluña”; otro flash (¡toma ya! Estoy inspirado) el Parlament medio vacío aprobando la Ley del Referéndum y a continuación aprobando la Ley de Desconexión; y finalmente al Presidente Mariano Rajoy diciendo “Cuanto peor mejor para todos y cuanto peor para todos mejor, mejor para mí el suyo beneficio político”, y aunque esta cita no va ligada al tema que nos trata bien se merece volver a ser escrita y leída (además tiene el poder de hacer reír y dar pena al mismo tiempo).

En fin, que es 11 de septiembre y las emociones están en la calle, la gente tiene ganas de votar en un referéndum, por higiene democrática y para desbloquear una situación que nos acompaña desde hace cinco años. No tengo ni idea de quién va a ganar este pulso, ni de si el Gobierno de España va a dejar votar, ni de si habrá una escalada de tensión. Pero sí sé que ante la falta absoluta de argumentos para no dejar votar y la voluntad de lograr la independencia existe un sendero, hoy muy estrecho, por el que deberá pasar todo un país.

Uno de los dos venceréis, pero no me habéis convencido.

2 comentarios en “Hoy es 11 de septiembre

  1. Estimado señor: Siento un gran interés por comprender el llamado “derecho a decidir” de hecho escribí una carta a la redacción de EL CIERVO que fue publicada en el número 760 de Nov-Dic 2016, solicitando que alguien tuviese la bondad de explicármelo con claridad, ya que, siendo una revista editada en Barcelona, pensé que quizás algún lector podría aclarármelo, pero no, no he tenido ninguna respuesta.
    Me he planteado razones históricas. Alfonso II de Aragón en 1.164 unifica el reino de Aragón y el condado de Barcelona, posteriormente, en 1516 la reina Juana hereda los reinos de Aragón y Castilla unificándose en Carlos I. No encuentro razones históricas (sé que es excesivamente simple, pero un comentario no da para mucho).
    También he pensado en razones políticas, es evidente que el Partido Popular se ha opuesto por sistema a cualquier aumento del autogobierno de Cataluña, pero no es menos cierto, que el Partido Popular se ha opuesto sistemáticamente a cualquier avance en las libertades, se opuso al divorcio, al aborto, al matrimonio homosexual, etc., y al final siempre ha tenido que ceder, no olvidemos con Aznar el cambio de “Puyol enano habla castellano” a “hablar catalán en petit comité”. Tampoco encuentro razones políticas.
    Entonces ¿Cuál es la razón? Cuando he leído su artículo, me ha llamado la atención la frase “Quiero que los catalanes podamos decidir nuestro futuro, pero para ello debe existir un consenso”.
    Pero la Constitución de 1.978 que fue votada por el 67’9% de los catalanes y aceptada por el 90’5% de sus votantes dice en su artículo 1º.2. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.
    Parece que la mayoría de los catalanes, igual que usted, unos por consenso y otros por las bravas, quieren decidir su futuro, aunque no sé si llegan al 61’44% de los catalanes que votaron sí a la Constitución.
    Al final me da la impresión de que no hay nada sólido en todo este conflicto, y que todo se reduce (discúlpeme la vulgaridad) a mentiras (los españoles son esto o lo otro, nos quitan, nos impiden, etc.) y a emociones, muy parecido a todo el proceso del “brexit”.
    Pero ¿Quiénes son los españoles? ¿todos los que tenemos la nacionalidad española, excepto los catalanes?, evidentemente eso es lo que pensaba ETA (por supuesto, aplicado a los vascos) cuando asesinó a 21 personas en el Hipercor de Barcelona o al mosso de escuadra D. Santos Santamaria, ahora olvidados por muchos separatistas catalanes.
    Quiera Dios que el día 1 de octubre no se produzca ninguna víctima y, que el día 2, comience a volver el famoso y lejano sentido común catalán.
    Manuel Rojas Cuenca. Málaga

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