Lucía Montobbio, periodista y mediadora

La Modelo ya cumple 113 años en Barcelona. La primera vez que la vi fue paseando con mis padres por la ciudad. Me impactó. Sobre todo, porque de niña pensaba que las cárceles estaban muy lejos, no cerca de las casas donde vivían “los buenos”.

De hecho, cuando se inauguró, en el 1904, la cárcel sí que estaba a las afueras, pero, después, con el crecimiento de Barcelona acabó dentro del núcleo del barrio de la parte izquierda del ensanche. La Modelo. Se llamaba así porque pretendía ser un modelo para la reforma del sistema penitenciario.

La prisión tiene forma de panóptico. El panóptico muestra una estructura donde en la periferia se alza un edificio circular y en el centro una torre. El edificio periférico está dividido en celdas. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el interior, que se corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de un lado al otra de la celda. Sólo es necesario situar a un vigilante en la torre central y cerrar en cada celda a una persona. Mediante el efecto de contra luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras. Se trata de una visibilidad totalmente organizada alrededor de una posición de dominio y de poder. Todo el interior se puede ver desde un solo punto.

La primera fotografía que hago de la Modelo es precisamente el panóptico. Salta el recuerdo de Zygmund Bauman. “En el post-panóptico no existe más la necesidad de una mirada centralizada para sentirnos vigilados. No podemos percibir de forma clara los puntos de vigilancia. Somos controlados y vigilados en cada movimiento. La disciplina se da a partir del propio ser. Dejarse vigilar es una cuestión de seguridad personal.”

Este edificio no volvió a aparecer en mi vida hasta que empecé a trabajar para las Hijas de la Caridad. Me explico, la Casa Provincial está justo al lado de este complejo. Así que llevo, más o menos tres años, viéndola de ida y vuelta todos los días laborables. Desde que lo hago, he ido oyendo que la cerrarían, que la derruirían, que desplazarían a los internos… pero, ya se sabe, estas cosas se alargan. Después de presenciar el capítulo del interno subido al tejado en símbolo de protesta el marzo pasado, junio me sorprendió con el anuncio del cierre definitivo de la instalación.

Los internos han sido trasladados a un nuevo centro penitenciario en la Zona Franca. Y la modelo se puede visitar ahora vacía. Voy a visitarla con mi familia. Todos: padres, hermanas, marido, cuñados… todos metafóricamente encarcelados. Los Montobbio en la Modelo. Antes de pasar los canceles alguien pregunta, ¿Y la visita cuánto dura?, y un guía responde: “La visita dura una hora y media, la cárcel toda la vida”. Nos reímos y empezamos a atravesar puertas de barras de hierro hasta llegar a las tres galerías que se pueden visitar.

La primera que visitamos es la quinta galería. Aquí tenían su celda los que acababan de entrar en la Modelo por primera vez. Aquí es también donde se puede ver la exposición titulada “13 historias de la modelo” donde se presentan 13 momentos y 13 personas o colectivos emblemáticos de la historia de la cárcel y de su vinculación con la historia de la Ciudad y del país. Cada uno de ellos se asocia con una fecha y contexto, con una temática, por ejemplo: el presidente Companys, Ferrer i Guàrdia, Puig Antich o el Vaquilla.

Después entramos en la cuarta galería donde se encontraban los internos reincidentes, también donde se pueden visitar otras dependencias más curiosas como la peluquería, el comedor, la biblioteca (si es que se puede llamar así, dos estantes con libros) y se puede salir al patio donde pasaban ratos libres, mucho rato libre que seguro se hacía eterno (franjas de más de tres horas para estar en el patio o en la biblioteca). Se visita luego la primera galería con una función similar a la quinta. Salimos al patio, y nos sorprende un único árbol en medio de tanto cemento. Una palmera. ¿Paradójico, no? Las palmeras están en sitios idílicos. Hago una foto.

La cárcel está degradada. Se hace difícil pensar que hacía poco menos de tres meses aún había internos allí. Además de reflexiones que nos formulamos en voz alta, como si la cárcel es un buen sistema o no, o el recuerdo de las referencias literarias y fílmicas donde aparece la Modelo, también pasamos momentos graciosos. Nos parecen divertidas algunas de las normas que vamos encontrando escritas en los pasillos. “Se prohíbe venir a desayunar en toalla o albornoz”, “si las sábanas están anudadas, o arrebujadas en la cama, no se enviarán a la lavandería”, “se prohíbe sacar comida del comedor, exceptuando los panecillos”. Imagino internos con el torso desnudo y la toalla en la cintura intentando tomar su café en el comedor, otros haciendo nudos a las sábanas para fugarse, y algunos llenándose los bolsillos de panecillos para comérselos en la hora del eterno patio.

El momento más escalofriante para mí es el de la baldosa donde estaba instalado el garrote vil. Proyecto la imagen de Salvador Puig Antich, un joven de 25 años que agonizó durante 20 minutos antes de ser la última persona ejecutada con el garrote vil.

Salgo de la cárcel, me da el sol, me recupero un poco de todo lo visto. Y me animo a hablar con una persona que está vendiendo complementos, bolsos, libretas, mesas… ¿qué pinta allí una paradita de mercadillo como esta?, le pregunto. Me explica que son objetos elaborados por internos en otros centros penitenciarios como ahora 4 camins. El proyecto se llama “Made in Cire”, parece que uno de nosotros está convencido con la idea de comprar una mesa hecha con palets.

Si podéis, id antes de que la cárcel sea rehabilitada para tener otro uso (no he descubierto de forma exacta que pondrán allí, alguna idea hay: escuelas, espacios polivalentes). Si entráis en la página web del Departamento de Justicia, veréis que las entradas están agotadas, que es desde donde se hacían las reserves de forma oficial. Si bien es cierto, que uno, como nosotros, también puede ir directamente a la cárcel y preguntar en recepción por la posibilidad de visitarla. Así sabréis si hay plazas que se han quedado libres, y encontraréis el hueco donde os podéis apuntar. Por mi parte, he tenido suerte con este sistema, hemos cabido un grupo de siete en un turno de domingo. ¡Ah sí! La visita es gratuita.

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