Jordi Delás, médico

Se ha propuesto el año 2030 para erradicar la pobreza extrema y 2021 la hepatitis C.

Fechas para diseñar y conseguir resultados en la fecha prevista.  Tabaco, ejercicio, perder peso, inglés, esquiar. Para conseguir dejar o aprender es necesario desearlo y fijar fecha. Mañana, el 2018 o como en los anteriores propuestas,  2021 o 2030.

En la pluralidad de fechas y plazos, no hay compromiso para el fin de personas sin techo. En nuestro entorno, la pobreza extrema está vinculada a no tener un lugar donde protegerse. Comida, ropa aparece y felizmente también la asistencia sanitaria para situaciones críticas.

Tener hogar es la manifestación local, en nuestro ámbito, de la global desaparición de la pobreza crítica. Como en otras zonas es la asistencia sanitaria o el acceso a alimentos.

Pero aún ahora, demasiadas personas sensatas y prudentes creen que tener techo no es un problema y los periódicos dan a entender que la gente está en la calle poco menos porque quiere.

Se sustrae que hay insuficientes plazas para alojamiento social, que en muchas ciudades el desfase se arbitra con colas dos o tres días y que la perseverancia de lugar a una cama ya al día siguiente. Si hay personas que prefieren sus refugios de soportales, cajeros y cartones, poco dice de las alternativas sociales, no diseñadas a la medida de los destinatarios.

Una teoría conspiratoria: si no hay fecha para el final de vivir en la calle es porque es factible. Se trata de habilitar dispositivos de emergencia, detectar las situaciones de enfermedad física o mental que perpetúan seguir en la calle, abordar las dependencias. Exigir que estas medidas se hagan también en las localidades limítrofes, compartir responsabilidades y evitar efectos de atracción hacia los sitios donde sí se han adoptado  medidas.

Libertad, solidaridad, democracia, violencia de género. Grandes palabras que no tienen sentido para las personas que están en la calle. La violencia de género ni siquiera se denuncia porque otro mañana en la calle es una nueva oportunidad de ser agredida o violada.

No una prioridad para nuestros políticos, haciendo buena la frase de que los pobres no están censados o si lo están, no votan. La cotidianidad hace pequeños los problemas, reitera y aburre.

Más atractivo habilitar locales para situaciones extraordinarias, grandes desastres. Proclamas, pactos, declaraciones en selectos foros o tweets. Mi voto para quien erradique el sinhogarismo a corto plazo de las calles. Con fecha y medidas efectivas. Prometido.   

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