Andreu Llabina, historiador

El fútbol es lo más importante entre las cosas menos importantes

Jorge Valdano

Durante las primeras décadas del siglo XIX, la hegemonía francesa acuñó el concepto de América Latina; un continente entero dónde apenas tenían influencia lingüística más allá de la parte francófona de Canadá, Haití, Guadalupe, Martinica y distintos departamentos franceses de ultramar. América Latina englobaba todos los países que usaban lenguas provenientes del latín, sin importar si era castellano, portugués o el minoritario francés.

En ese período se vivieron grandes y trascendentes batallas para lograr la liberación de los imperios europeos en el continente americano. Bolívar, San Martín, Sucre, Miranda, Louverture, Martí, Silva Xavier, entre muchos otros, dedicaron sus vidas a luchar por la libertad de sus pueblos contra los imperios europeos. A finales del siglo XIX, el imperio francés entró en declive mientras el imperio británico tomaba fuerza, en ese punto el fútbol llegó a América. Un deporte inventado y reglado por ingleses que se extendería por todo el mundo.

Manuel Vázquez Montalbán en su libro Una religión en busca de un Dios mostraba cómo el desarrollo sociocultural del fútbol iba más allá de veintidós deportistas compitiendo en una cancha. El fútbol despertaba las pasiones de la masa, levantaba estados como antaño se habían levantado templos, e idolatraba a futbolistas como antes se había idolatrado a semidioses, santos y dioses.

Los franceses acuñaron un concepto identitario, los ingleses introdujeron un deporte reglamentado, y el pueblo de américa latina, a pesar de estar oprimido y padecer la pobreza en sus propias carnes fue capaz de que sus hijos Pelé, Maradona y Messi se convirtieran en las máximas deidades de esta nueva “religión”, demostrando el talento, la inteligencia, el descaro y la capacidad de crear y reinterpretar lo sublime del fútbol.

La globalización ha hecho que muchos de los jóvenes futbolistas del continente americano sean comprados a muy temprana edad por fondos de inversión para ser vendidos a clubes europeos ganando un buen dinero en cada operación, como si de materias primas se tratasen. La incapacidad de los clubs americanos para retener talento ha provocado que se vea el fútbol no como un espectáculo, no como algo que haga gozar al espectador. El futbol se ha convertido en algo en lo que el aficionado únicamente espera ganar. Cada partido es a vida o muerte, no importa si el resultado es justo, no importa hacer trampas, solo sirve ganar. Da igual la técnica o desplegar un buen juego. Ganar, ganar y ganar.

El cruel destino quiso que este año la final del mayor torneo continental de América Latina, La Copa Libertadores, enfrentara a dos de sus más grandes clubs, Boca Juniors y River Plate. Los dos equipos son argentinos, los dos equipos son de Buenos Aires, y los dos fueron fundados en el mismo barrio humilde de La Boca. La rivalidad entre ambos es máxima. Va tomando forma el realismo mágico de Galeano. Eternos rivales enfrentados en el partido más importante que un club americano puede disputar, una auténtica guerra civil futbolística que divide un país entero.

La final se debía disputar en dos partidos, la ida el día 10 de noviembre en la cancha de Boca, pero la intensa lluvia retrasó el partido hasta el domingo 11, con el resultado de empate a 2; y la vuelta se debería haber jugado el 24 de noviembre, pero el salvaje ataque de unos aficionados de River al autocar que llevaba a los jugadores de Boca al estadio retrasó el inicio del partido hasta que se decidió aplazarlo.

Finalmente, el segundo y definitivo partido de la Final de la Copa Libertadores 2018 ha sido robado a los aficionados argentinos, en especial a los hinchas de River. Con el pretexto de la violencia, la final se ha desplazado a Madrid, al estadio Santiago Bernabeu. Europa ya no solo se dedica a llevarse el talento sudamericano antes de que pueda deleitar a los hinchas de los clubes que los han descubierto y entrenado, ahora las directivas de clubes y federaciones les roban la final soñada.

River o Boca no podrán alzar la Libertadores en el Estadio Monumental, la copa que reconoce al mejor equipo de América no se podrá festejar por los de River en su cancha, ni los de Boca en el estadio del eterno rival. La final más esperada se traslada a la capital del ya extinto Imperio Español, el imperio que combatieron los libertadores que dieron nombre a la Copa.

Un comentario en “Finalmente, la final

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