Jordi Delás, médico

O a tu abuelo, tu tía, tu padrino o quizás a tu hija.

Llama a tu madre ahora y no cuando tengas tiempo. Llámala cuando lo pienses, no lo dejes para más adelante y si te dice que está ocupada, alégrate de su ocupación y llámale más tarde.

Di por encima del teléfono, estoy hablando con mi madre, que es patente de corso que todo el mundo entiende, y como todo el mundo tiene, ha tenido madre, comprende, aprueba, envidia que se hable con su madre.

–Perdone, es mi madre, al teléfono–, una fórmula que rompe incluso el hielo y que no podremos usar siempre.

Llámale con una llamada larga que le permita recorrer el pasillo enfadada porque no sabe si suena el fijo o el móvil. Que despotrique de los móviles, porque se habla demasiado por los móviles, menos cuando se habla con ella.

Llama con tu madre a una antigua amiga y déjala que hable largo y tendido de sus cosas, que se llamen nena y que digan que los tiempos han cambiado para peor y más ahora. Haz que aparezcan por la pantalla niños y que hable con ellos ese lenguaje que han olvidado y aún no recuperado las edades intermedias.

Llámala aunque pienses que no tienes mucho tiempo y que ella va a hablar tanto. Aunque ahora no sea el momento, porque estás ocupada. Llámala porque tal vez te diga que desde tu anterior llamada aún no ha hablado con nadie y se aclara la voz, hablando contigo.

¿La has llamado ya hoy?

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