Deepfake

Deepfake
Carlos Eymar, filósofo, profesor del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (UNED) 

Confieso que cuando vi a Lola Flores anunciando una nueva marca de cerveza, me quedé algo descolocado. ¿Cómo podía ser que ella, muerta hace más de veinticinco años, se incorporara al mundo de los vivos?. Dijeron que se trataba de una imagen deepfake, es decir, ultrafalsa, editada a partir de la de una imitadora, luego modificada por la utilización de unos llamados algoritmos de aprendizaje. Al parecer,  esta técnica ya había sido utilizada en un episodio de Star Wars, en 2016, para dar vida a la princesa Leia,  ya que Carrie Fisher, la actriz que la encarnaba, había muerto. En los últimos años la idea de resucitar virtualmente a los muertos se ha concretado en la forma de giras realizadas en holograma por ciertas estrellas ya fallecidas, como Amy Winehouse, María Calas o Whitney Houston que acaba de actuar en Madrid. A través de mi nieta, apasionada del manga japonés, me entero de la existencia de Hatsune Miku, una estrella del pop, cien por cien virtual, que, desde que fue creada en 2007, se convirtió en un fenómeno de masas, especialmente en Japón. Anclada en sus perpetuos dieciséis años, Miku es aclamada por todo el mundo por fans de todas las edades que, en sus actuaciones, agitan enloquecidos unos luminosos bastones  amarillos. Seguir leyendo “Deepfake”

Paisaje de desconcierto

Paisaje de desconcierto
Eugenia de Andrés, periodista

Hace días que estoy pensando que en la pandemia en la que todos vivimos desde hace un año hay grandes dosis de desconcierto. Es un desconcierto profundo que va más allá de las medidas adecuadas que debemos tomar para protegernos del covid. Aunque existe también porque por las redes sociales, los periódicos, las emisoras de radio y televisión circulan todo tipo de informaciones que difunden quienes se consideran y autodefinen como científicos. Claro está que los hay serios y consecuentes, pero hay otros muchos que se presentan como expertos y no se reprimen al juzgar las medidas que defiende el ministerio de Sanidad o los departamentos de Salud de las comunidades autónomas sin ningún tipo de recato. Estamos rodeados de virólogos, epidemiólogos, estadísticos, físicos, matemáticos, periodistas, tertulianos…que cuestionan todas las decisiones que se toman y recomiendan otras de su propia cosecha. Seguir leyendo “Paisaje de desconcierto”

Un presente diseñado por la inteligencia artificial

Un presente diseñado por la inteligencia artificial
Martín Sacristán, periodista y escritor

Salvo aquellos que como Thoreau hayan tenido la feliz posibilidad de haberse ido a vivir a los bosques, los demás estamos atados a la tecnología. Lo que antes fue una elección ahora resulta imprescindible para la vida diaria, y si no era poco convivir con las amenazas a la privacidad o los excesos de vigilancia, ahora nos enfrentamos a la opacidad de los algoritmos. Que como además forman parte de la inteligencia artificial parecen algo arcano, difícil de entender y que se concretará en el futuro. Nada más lejos de la realidad. Las IAs ya están tomando decisiones como programas que, orientados por el programador hacia un fin, persiguen un objetivo. En las anteriores revoluciones industriales esa conquista fue maravillosa, y ajena a la ética, pues si por un lado de la máquina metías metal y por el otro salían tornillos, qué maldad podía encerrarse en la fabricación. Hoy es bien distinto, porque las IAs están ayudando a gobiernos, fuerzas y cuerpos de seguridad o científicos a tomar decisiones que nos afectan, y mucho. Seguir leyendo “Un presente diseñado por la inteligencia artificial”

Críticos y exigentes

Críticos y exigentes
Carles Padró, periodista

La semana pasada el Tribunal Administrativo de París condenó al Estado francés por incumplir sus promesas en materia de lucha contra el cambio climático, imponiéndole el pago de un euro a cada una de las cuatro oenegés demandantes. Simbolismos aparte, el Tribunal se da un plazo de dos meses para estudiar de qué forma fuerza al Gobierno a tomar las medidas oportunas para reaccionar y cumplir con sus compromisos previos. Dos son las posibilidades que baraja: sanciones económicas o una lista de objetivos que obligará a satisfacer en plazos prefijados, opción preferida por unos demandantes respaldados por 2,3 millones de firmas. Seguir leyendo “Críticos y exigentes”

Me muero de frío

Me muero de frío
Jordi Delás, médico

Me muero de frío, en Barcelona, no es una expresión para enfatizar sobre bajas temperaturas. Es un relato literal de la muerte de dos personas la noche del 10 al 11 de enero y de a los pocos días la tercera muerte.

Que no distraigan nuestra opinión con la idea de que hay personas que no quieren ir a un albergue. Dos educadores de calle de la Fundación Arrels lo cuentan con claridad y comentan los errores en torno a esta cuestión. Seguir leyendo “Me muero de frío”

Tierra de esperanza

Tierra de esperanza
Jaume Boix, director de El Ciervo

Unidad, reencuentro y reconstrucción fueron tres ideas fuerza del discurso inaugural del presidente Biden. La reconciliación —así la llamamos aquí en momentos también de especial gravedad e incertidumbre— será el objetivo de su mandato. La nuestra funcionó y sería bueno que aquellos que hoy la ponen en duda (que no son los que la protagonizaron sino los que se beneficiaron de ella) tomen nota de adónde llevan los desgarros: al desastre y a la obligada y a menudo dolorosa necesidad de recoser.

Biden definió las características y condiciones de la reconciliación: decencia, respeto al otro y respeto a la verdad, fundamentos de una democracia fuerte. Es el programa de la buena gente y fue bonito ver y escuchar cómo la primera potencia del mundo se propone a sí misma y se dispone a convertirse, eso pide su dirigente, en el país de las buenas personas de todos los colores. Es la América que nos gusta, la que ha sido tildada, con menosprecio, de idealista, la de Jennifer López clamando en español por la libertad y la justicia, la de “una chica negra delgaducha, descendiente de esclavos y criada por una madre soltera que puede soñar convertirse en presidente o puede llegar a recitar para un presidente”, como dijo Amanda Gorman. Ojalá de la mano de este hombre tranquilo y de esa mujer empoderada, Kamala Harris  —“no digan que las cosas no pueden cambiar”, dijo Biden, aplaudiendo a la primera vicepresidenta de la historia— ojalá los Estados Unidos vuelvan a ser la tierra de esperanza a la que nos invita a viajar Bruce Springsteen en su vieja canción Land of hope and dreams con la que abrió el bello programa Celebrating América al culminar la jornada inaugural de esta nueva era. Seguir leyendo “Tierra de esperanza”

Vocación, vocación, vocación

Vocación, vocación, vocación
Josep Maria Margenat, profesor de Filosofía Social en la Universidad Loyola Andalucía

Hace unas pocas semanas, un artículo de Josep M. Lozano en La Vanguardia me hizo pensar. “¿Hablar de vocación?”. Lo titulaba entre interrogantes, pero la intención estaba clara. Lo recomiendo. ¿Oyen hablar muchos jóvenes de vocación? Lo dudo. En mis clases de Ética empresarial durante años en la universidad, cuando llegábamos al tema quinto sobre el trabajo, hablaba y proponía lecturas a los estudiantes sobre la vocación. Parecía difícil. A muchos de nosotros, los más mayores, nos suena a palabra religiosa. A los más jóvenes ni les suena la palabra. No creo que supieran responder sobre su significado, más allá de lo que alguno haya leído. Unos años más tarde, al entrar los estudiantes en la universidad se puso de moda hablarles sobre la marca. Su tarea como estudiantes era construir su “marca” (sic). La marca era la señal de identificación que en el mercado les hacía diferentes, que aportaba “valor añadido” (sic). Pensé que era un fraude recibir a chicas y chicos jóvenes con ilusión por cuidar y mejorar este mundo, enseñarles a prostituirse, elaborando su marca para “venderse” en el mercado. Fue triste. En la marca sumaban habilidades, competencias, como ahora se insiste. La marca tenía que hacer visible el valor añadido que cada uno, cada una, aportaban. Con la marca podían concurrir al mercado. No soy de ninguna manera un fundamentalista anti-mercado. Al contrario, he explicado los valores éticos del mercado ideal de competencia perfecta, los criterios políticos para regular y redistribuir beneficios y los criterios éticos para discernir en los mercados. Pero lo que no podré aceptar nunca será que sólo seamos mercancía (marca, ya sé que las etimologías no son las mismas, pero el parecido sonoro da que pensar). No somos mercancía. Expliqué durante años que los marxistas y los liberales económicos coincidían en considerar el trabajo como una mercancía que se intercambiaba en el mercado por un precio más o menos acordado. Para los personalistas, y para otros muchos, personas simplemente decentes u honestas, esto no es verdad. Seguir leyendo “Vocación, vocación, vocación”

«Una mujer» de Annie Ernaux

«Una mujer» de Annie Ernaux
Andrea Toribio, hispanista y escritora

Mi madre supo que estaba enferma el viernes 16 de octubre, entre las diez y las once de la mañana. La violencia, entonces, se apoderó de mí, y creí enloquecer. Salí de la oficina con mi hermano al teléfono, él solo lloraba y gritaba, imagen que, con toda probabilidad, inventé después. Nunca aprenderé que hay personas que, sencillamente, elevan la voz. Podría enumerar sin mucho esfuerzo a las personas que llamé desde el autobús. A día de hoy, continúo hablando con ellas diariamente, yéndome a dormir leyendo sus mensajes. Escucho sus voces. Pero solo una viene, me pone la mano sobre la cara y me dice que es hora de cerrar los ojos. Ahora, no antes, me pregunto si verdaderamente he leído algo desde entonces, con autenticidad; si he sido capaz de hacer que una frase se encuentre con mi amor enrabietado y solitario y entender su sentido. Ahora, no antes, me pregunto si he escrito más allá de estos tres versos pesados y morosos: «[…] dime / si tendré el rostro de / mi madre al enfermar». Ahora, no antes, me pregunto por qué leía el 16 de octubre en el metro «Una mujer» (2020) de Annie Ernaux, por qué resuena en mí su lectura y qué significa que cada palabra se sienta como un golpe en la boca del estómago. Seguir leyendo “«Una mujer» de Annie Ernaux”

Grecia y el cristianismo

Grecia y el cristianismo
Carlos Eymar, filósofo, profesor del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado (UNED)

De poco sirvieron las luchas del gran helenista y académico, Francisco Rodríguez Adrados, fallecido a los 98 años el pasado 21 de julio, para que la enseñanza de las humanidades y las lenguas clásicas en España, no quedara reducida a un ínfimo nivel. Pese a lo cual, sigue siendo creciente la demanda de cultura griega en una sociedad tan tecnológica como la nuestra. El País saca su colección de mitos griegos a los quioscos donde también encontramos a Platón; la poetisa y reciente Premio Nobel, Louise Glück, escribió un poemario bajo el título de El triunfo de Aquiles, mismo personaje al que Javier Gomá dedicó hace unos pocos años su Aquiles en el gineceo. Aquiles a quien, gracias a la película Troya, ya empezábamos a poner la cara de Brad Pitt. Carlos García Gual, destacado discípulo de Adrados, ha publicado este mismo año La deriva de los héroes en la literatura griega (Siruela) y Voces de largos ecos (Ariel), mientras la británica Edith Hall, especialista en cultura clásica, en su libro Los griegos antiguos (Anagrama) sintetiza en un decálogo las que ella considera principales cualidades del espíritu helénico. Para terminar este breve muestrario, Emilio Lledó, en apenas dos meses y en plena pandemia, vio como se agotaba su libro Fidelidad a Grecia (Taurus), que ya va por la segunda edición. Aunque en él habla de Bartók y de muchas otras cosas, su entusiasmo por lo griego llega a alcanzar niveles de idolatría. Así, exalta la figura del Zeus Eleutherios, del dios que da libertad, del dios que no necesitó de una casta sacerdotal, del dios de una religión de la vida y de la fidelidad a la tierra, de la armonía y el conocimiento. Seguir leyendo “Grecia y el cristianismo”

Odio

Odio
Soledad Gomis, periodista

Le calificó de “matón”, de incitar al odio, explicó que su hija, de trece años, había quedado en choque, que la habían apartado de clase. Anunció que hablaría con el director del centro para que expulsara al indeseable. Y daba su propio teléfono para que otros padres se sumaran a su reclamación de que “no tocaran a sus hijos”. Hablaba con cierta calma, su indignación era contenida, era un padre de familia conmovido y eso le daba apariencia de credibilidad. En su página de Facebook, repitió su mensaje días más tarde, dando nombre y apellidos de quien había traumatizado a su hija. Pero la hija no había estado en clase y no quedó en choque. El padre controladamente indignado movilizó un asedio contra el supuesto matón. Pero el odio real y profundo era el de este hombre de 48 años que buscaba apoyo en las redes. Lo encontró en un joven de 18 años de origen checheno. Y el calificado de matón y de incitar al odio acabó decapitado al terminar el último día de clase antes de vacaciones. El odio asaltó las escuelas, traído por un padre. Seguir leyendo “Odio”