Vida de provincias. «El año del descubrimiento», de Luis López Carrasco

Vida de provincias. «El año del descubrimiento», de Luis López Carrasco
Andrea Toribio, hispanista y escritora

Hace unas noches, pude disfrutar de El año del descubrimiento, de Luis López Carrasco. Pensé, inmediatamente, en la certeza del arquero; en Antonio Rebollo en aquella Barcelona del 92, volviéndose hacia Juan Antonio Epifanio, como diciéndole: «Ya la hemos hecho». Como los testimonios de uno mismo acostumbran a ser poco fiables, como dice en alguna parte Penelope Lively, opté por invitar al visionado a mi compañero más fiel: un cuaderno de tapas negras a rayas en el que se escribe bastante bien, con pulcritud. Pude entonces, relajarme y, como digo, deleitarme en el ejercicio. Porque lo justo es que a un espectáculo de la memoria le siga una escritura que transite un camino suave.

A lo largo de mi vida, quizá haya visto algo más de un centenar de películas que merezcan llamarse así, películas. Pero sí he leído infinidad de novelas, y eso fue lo que sentí a medida que las imágenes se iban sucediendo ante mis ojos: por fin había dado con la novela que tanto tiempo había estado buscando o que tanto había estado esperando. Si entendemos la búsqueda como un tipo particular de espera y si nos acogemos también a uno de los contraargumentos de venta más elegantes y, sin embargo, más discretos jamás escritos, esgrimido por el mismo E.M. Forster: «¿De qué sirven las artes si son intercambiables?»

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Carmen Martín Gaite: un hogar para la escritura

Carmen Martín Gaite: un hogar para la escritura
Andrea Toribio, hispanista y escritora

Trato de pensar, apartando este calor esponjoso de cuarto exterior en el centro de Madrid, en aquella frase con la que el escritor francés Alphonse Daudet nos habla de la pulsión literaria en su libro de 1869 Cartas desde mi molino (Lettres de mon moulin, si lo preferís). Creo recordar que dice —no sé si la reproduzco con exactitud, pero no importa— «Desde ella escribo, con la puerta abierta de par en par, y un sol espléndido». Esta cita carecería de interés si no fuese por su carácter móvil. Automáticamente cierro los ojos y me transporto al comienzo de Sostiene Pereira, de Antonio Tabucchi. Sí, escuchad cuando advierte el italiano, «Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y airada, y Lisboa resplandecía». Y ya estamos allí, o bien en la parte baja de un molino, o en tierras portuguesas. Hago un alto y me pregunto: «¿Será siempre la misma luz?». Seguir leyendo “Carmen Martín Gaite: un hogar para la escritura”