Cuando el tirano se ofrece a salvarnos

Cuando el tirano se ofrece a salvarnos
Martín Sacristán, periodista y escritor

Las pasadas navidades, en una decisión que sorprendió a todos por lo imprevista, el consejo de accionistas de Facebook expulsó a su fundador, Mark Zuckerberg. Además de despedirlo, bloquearon su cuenta. Lo que no impidió al magnate hacer un llamamiento a los usuarios de su aplicación en internet para asistir a una masiva protesta en su apoyo. La elección del lugar no pudo ser más simbólica: el Monumento a Lincoln, en Washington. En el mismo escenario de las protestas contra la Guerra de Vietnam y de las manifestaciones pro Derechos Civiles, Zuckerberg dirigió a miles de seguidores un discurso que copiaba, casi palabra por palabra, aquel “tengo un sueño” de Martin Luther King.

“Amigos míos, pese a las dificultades que atravesamos, yo aún tengo un sueño. Un sueño profundamente arraigado en las ideas de nuestra nación, América. Un país que se levantará para afirmar que estas verdades son evidentes: que los usuarios de internet fuimos creados libres e iguales. Y sueño que un día, en todos los dispositivos fijos y móviles, los dueños de las más grandes corporaciones de la red como yo, y como ustedes usuarios anónimos, compartiremos nuestras ideas en un gran espacio común. Entonces el mundo se convertirá en un oasis de oportunidades donde los más necesitados, gracias a la información libre, gratuita y universalmente distribuida,  saldrán de la carestía y la pobreza.” Seguir leyendo “Cuando el tirano se ofrece a salvarnos”

Quién sabe qué

Quién sabe qué
Carles Padró, periodista

Si la palabra de 2016 en inglés según el prestigioso Diccionario Oxford fue “post-truth”, la de este año -aunque sean dos- debería ser “fake news”. Si así fuera (y si no también), sería la constatación de un drama que se masca desde hace tiempo: que informarse y buscar la verdad de los hechos empieza a ser una tarea más que complicada. Porque las “fake news” o noticias falsas han venido para quedarse. Para quedarse y para difuminar un poco más la delgada línea que a veces separa la realidad de la ficción, cosa que nos aboca a la confusión absoluta y a una institucionalización abierta y descarada de la desinformación que sin duda engendrará sociedades menos libres. Cierto que lo de la desinformación no es algo nuevo, pero a diferencia de antes ahora crece y se reproduce a toda velocidad gracias a la decadencia de los medios tradicionales, a las grandes plataformas tecnológicas como Facebook o Google y al bajo coste de producción de las también llamadas “alternative facts”, término que encierra un mayúsculo e indisimulado cinismo. Porque no me dirán que llamar hechos alternativos a falsedades o directamente mentiras no es de un cinismo desatado y sinvergüenza. Seguir leyendo “Quién sabe qué”