El vientre vacío

El vientre vacío
Martín Sacristán, periodista y escritor

Ganas de gritar es lo que dan al volver la última página de El vientre vacío, de la periodista Noemí López Trujillo y editado por Capitán Swing. Constituye la larga pregunta sin respuesta de una mujer, y de toda una generación de mujeres, a porqué no pueden ser madres. La incertidumbre laboral y económica pesan al formar una familia hasta hacerla inviable. Pero no todo es achacable a la pobreza. Las mujeres de nuestro país han asumido desde tiempo atrás el mejor valor del feminismo, ser iguales en capacidades y derechos al varón, pero no las ha acompañado en ese avance ni la legislación ni el mercado laboral. Si en comparación a hace treinta años hay muchas más mujeres tanto en puestos directivos como en empleos básicos hay que atribuir el mérito de esa conquista a su esfuerzo personal, al apoyo de sus familias, y a poco más. El país a cuya prosperidad contribuyen, todas ellas, jamás ha considerado facilitar su maternidad. A diferencia de vecinos como Francia, Alemania o Austria, referentes de la UE, aquí no se considera siquiera que deba ayudarse a los ciudadanos a tener hijos. Se reclaman en cambio para pagar las pensiones y dar viabilidad al futuro, como si en lugar de personas habláramos de mercancías. De súbditos en lugar de ciudadanos. Y esto debería cabrearnos muchísimo.  Seguir leyendo “El vientre vacío”

“Compañeros y compañeras”

“Compañeros y compañeras”
Eugenia de Andrés, periodista

Los discursos de los políticos, especialmente cuando están en campaña, están a menudo repletos de lugares comunes. Oigo parlamentos plagados de “compañeros y compañeras”, “amigos y amigas”, “candidatos y candidatas”, “ellos y ellas”, “todos y todas”, “nosotros y nosotras”… Resulta cansino escuchar desde su atril esta retahíla de palabras que persiguen dejar constancia de que incluyen tanto a hombres como a mujeres en sus pretensiones. Pero no hace falta repetirlo tantas veces. Con una es suficiente.

Nada que alegar al elegante Ladies and gentlemen o el sutil Signore e signori.  El primer señoras y señores –o equivalente en cada circunstancia- puede parecer deferente. La quinta o sexta referencia a la paridad en pocas frases aburre, como afean las muletillas. Y quien evita aquella redundancia no es porque esté en contra de la igualdad o de la diversidad, sino porque huye de la absurda y previsible monotonía de los políticos afectados. Seguir leyendo ““Compañeros y compañeras””