Elogio de las bibliotecas

Elogio de las bibliotecas
Eugenia de Andrés, periodista

Las bibliotecas ya no son almacenes de libros colocados todos en orden en sus estanterías en espera de ser leídos allí mismo o de tomarlos prestados. Han entrado en una nueva dimensión: se han convertido en verdaderos espacios culturales. Casi sin que nos diéramos cuenta –al menos así me ha sucedido a mí– han evolucionado, se han adaptado a los nuevos tiempos y ofrecen numerosas posibilidades a quienes se acercan a sus instalaciones. Ocurre así en la red de bibliotecas de grandes ciudades, y quizás no tanto en las de pequeños municipios.

Además de leer, estudiar o trabajar en sus dependencias, hay zonas con ordenadores de uso público en los que puedes acceder a internet, salas de estudio con prolongación de horario en fechas de exámenes, exposiciones, charlas y conferencias de escritores, presentaciones de libros, recitales de poesía, clubs de lectura y una oferta interesante de propuestas para todos los gustos. Seguir leyendo “Elogio de las bibliotecas”

Los libros que nunca podrás escribir

Los libros que nunca podrás escribir
Mariola Cubells, periodista

“¡Qué diferente podría haber sido todo, qué minúsculas las causas y qué devastadoras las consecuencias!”. La frase pertenece al libro Tiene que ser aquí, de Maggie O’Farell, que es una de esas lecturas que nunca te cansarías de recomendar. Una historia de amor hermosa, perfectamente contada, repleta de personajes conmovedores. Hace ya varias años descubrí el motivo por el que yo nunca escribiría ficción: determinada literatura, alta, grande, majestuosa, esos autores perfectos que han narrado historias igual de perfectas. Una literatura que me llevaba a esta reflexión: ¿soy capaz de escribir así de bien, de contar algo tan bien, de dedicarle mi tiempo, mi esfuerzo, mi energía a un párrafo? Desde entonces, si alguien a quien le gusta mi estilo de escritura me pregunta por qué no me lanzo a la ficción (y voy más allá del reportaje, de la crónica, de la columna) yo siempre tengo a mano un libro en mi cabeza para darle la respuesta. Y ahí están, Canadá o Cuando ella era buena, ambas de Philip Roth, por citar un ejemplo al azar. Ahí están los libros que devoro, los que no puedo dejar de subrayar, las lecturas que me han conducido hasta aquí. Los libros a los que les debo frases, reflexiones… Los libros de los que una no quiera salir. Sí una ha leído novelas bien escritas, historias de amor, o de guerra o de miserias humanas, si una ha leído desde que tenía uso de razón, y aprecia la buena literatura, las frases que encierran mundos enteros y te encogen el corazón, una no puede ponerse a contar una historia de ficción. Cuando lees párrafos sublimes, desoladores, cuando descubres que lo que está contando ese escritor es exactamente lo que necesitabas leer, tienes que bajar las armas y dedicarte a lo que sabes que puedes hacer bien. Cuando estás sumida en una turbulenta historia de amor, o desamor y de pronto una novela te da un latigazo que sabes que nunca podrías emular, tienes que tumbarte y seguir leyendo. No puedes cargar al mundo con narraciones menores, no puedes seguir abarrotando las librerías de novelitas banales, de historias pretenciosas… Seguir leyendo “Los libros que nunca podrás escribir”