Ellas pisaron la luna

Ellas pisaron la luna
Mariola Cubells, periodista

Regresaba  en el AVE de Madrid a mi casa, en Valencia, como casi todas las semanas. En esa hora y media larga suelo leer, repasar artículos, responder whasp, resolver entuertos… Estaba de verdad exhausta tras un día intenso de trabajo, en ese Madrid caótico y amable al tiempo, pero siempre agotador.

Llevaba en el bolso un libro corto, Ellas pisaron la luna se llama, de Belén Gopegui que tenía pendiente de lectura. Y el ordenador, que arrastraba conmigo para acabar una crónica sobre un escabroso asunto televisivo: la supuesta violación de una concursante de GH Revolution, en 2017. Seguir leyendo “Ellas pisaron la luna”

Después del espectáculo

Después del espectáculo
Andreu Llabina, historiador

De un tiempo a esta parte, cuando se habla de deporte, me vienen a la mente dos temas: la incuestionable brecha que existe entre el deporte masculino y el femenino; y la importancia del deporte espectáculo, sus perversiones y posibles soluciones.

De todos es sabido que, en nuestro país, las deportistas sufren una gran discriminación. Los equipos femeninos se quedan con los peores horarios, peores campos para entrenar y jugar sus partidos, además, los mejores entrenadores dirigen equipos masculinos. En el deporte femenino hay pocas mujeres fuera del terreno de juego, a excepción de contadas entrenadoras, árbitros, presidentas y directivas. Seguir leyendo “Después del espectáculo”

Del miedo al pim pam pum

Del miedo al pim pam pum
Soledad Gomis, periodista

Las mujeres tenemos miedo. Miedo de los hombres. De que puedan acecharnos en cualquier momento y lugar. Por eso, las deportistas buscan espacios con gente para ir a correr. De noche, caminamos alejadas de los portales, para que nadie nos empuje dentro de uno. O vamos en dirección contraria a los coches, para que no puedan hacernos subir a la fuerza. Sacamos la llave 100 metros antes, para no entretenernos en la puerta de nuestro edifico. O llevamos el móvil en la mano, para no parecer tan aisladas. En los taxis, algunas veces vamos tensas, según el conductor y la ruta que elija. Si en la portería se entretiene alguien, bajamos en otro piso, para que no quede claro dónde vamos. Muchas no se atreven a andar por el monte solas. Ahora suele ser automático, pero, en el coche, nos aseguramos de que quede cerrado a la que tomamos asiento.  Hablando de coches, a ninguna le gusta estar en un parking sin vigilancia en horas de poco trajín. Y siempre, siempre, nos ponemos en guardia si oímos pasos detrás nuestro. Seguir leyendo “Del miedo al pim pam pum”